Punk not dead
por Agustin Carucha
Provocadoras como los Sex Pistols, auténticas como los Clash y con el
espíritu femenino de Patti Smith, la reciente condena a prisión por dos
años, por parte de un tribunal, al grupo punk ruso Pussy Riot -que nada
tiene que envidiarle a los viejos procesos de Moscú de los años '30-, ha
transformado a esta banda en el ícono de la lucha contra la censura en
Rusia del gobierno del ex agente de la KGB, Vladimir Putin.
Secas, austeras, soviéticas
Formadas en el proceso de movilizaciones contra el fraude electoral de
Putin -septiembre de 2011-, con la "urgencia" que históricamente
caracterizó al punk rock, las Pussy Riot nacen como parte de un
movimiento de jóvenes artistas que a través del arte de performance
denuncian la sistemática censura en Rusia. Desde protestas callejeras,
bromas a policías y burlas a los símbolos del poder político y
eclesiástico, estos grupos de arte callejero -entre los que se destaca
Voina- han sido el canal de expresión para los miles de jóvenes rusos
frente al régimen policial de Putin.
Con un sonido crudo, directo y sin muchos matices, entre las influencias
musicales de Pussy Riot se encuentran a bandas del estilo "Punk Oi!" o
"Street Punk" -como los Sham 69, Uk Subs y Cockney Rejects- y otras más
ligadas al grunge de los '90, como las L7. Como definiera Serafima
-seudónimo utilizado por una de los más de diez integrantes de este
colectivo- a un medio español en marzo de este año: "...en ese momento
nos dimos cuenta de que este país necesitaba un grupo militante, punk y
feminista que se moviera por calles y plazas, movilizando toda la
energía pública acumulada contra los corruptos malvados de la junta de
Putin. Y enriquecer así la oposición cultural y política rusas con temas
que nos importan; los derechos de la mujer y de gays, lesbianas y
transexuales, así como denunciar la ausencia de un mensaje político
valiente en las escenas de música y arte, y la dominación masculina en
todas las áreas del discurso público...".
Las actuaciones de las Pussy, consideradas como ilegales por el gobierno
ruso, se desarrollaron desde micros, estaciones de subterráneos,
desfiles de modas, negocios de ropa de alta costura hasta la Plaza Roja,
el techo de un centro de detención de Moscú y, la ultima -que terminó
generando la detención de tres de sus integrantes-, la actuación en la
Catedral de Cristo Salvador de Moscú.
La importancia simbólica que el gobierno ruso le dio a dicha catedral no
sólo pone de manifiesto los entrelazamientos políticos de Putin con el
poder eclesiástico de la iglesia ortodoxa rusa -hoy dirigida por
patriarcas (Kirill), con pasado de agentes de la KGB como Kirill
Gundyaev-, sino que también manifiesta la impostura política que
gobiernos de diferentes colores, ONG, grupos financieros, periodistas,
la ONU y hasta las mismas burocracias, que pretenden promover la
"democratización" por medio de la intervención del clero en la vida
política y social de los Estados obreros.
Back in the URSS
La censura del rock en Rusia ha sido, desde los tiempos de la URSS, un
aspecto común en la vida social de su juventud. Arrancando en los años
'50, con la premisa que "el rock & roll era una perversión vulgar
del capitalismo", pasando por la prohibición en las radios de difundir a
los Beatles y a los Rolling Stones, el rock ruso estuvo hasta recién
entrados en los años '80 en la absoluta clandestinidad. Contando con su
primer local de difusión recién en 1981, llamado "Rock-Club de
Leningrado", en San Petersburgo, bandas como Kino, Agatha Christie,
Secret, Televizor, Pop-mekhanika, Nautilius Pompilius y Aria, varias de
estas enroladas en el género de la New Wave, el punk, el synth pop y el
heavy metal, difundían la vida cotidiana de la URSS con temas que hacían
referencia a la violencia doméstica, al alcoholismo, a la criminalidad,
a la rutina mental, al estancamiento en la vida social del país, al
rechazo a los dogmas de la doctrina stalinista y, en casos más osados, a
un cuestionamiento a los jefes de Estado de los soviets y a los
privilegios de pertenecer a las capas aristocráticas de dicha
burocracia, enroladas en la llamada Nomenklatura.
Las ilusiones democráticas que más tarde la Perestroika y la
restauración capitalista intentaron promover en la segunda mitad de los
'80 y de los '90, se terminarían esfumando con el reforzamiento del
carácter policial del Estado.
Un caso similar a las Pussy Riot ocurrió en 2003, en Cuba, con la banda
-también del genero punk- llamada "Porno para Ricardo". Con una dudosa
detención por consumo de drogas, su cantante Gorki Aguila, el cual se ha
pronunciado por la liberación de las Pussy, se transformó en una
expresión artística del rechazo a la burocracia castrista con temas como
"el maleconazo" -que hace referencia a la revuelta popular de la Habana
de 1994- y "Leyendo el Pradva", donde fustiga al castrismo con un
estribillo que reza "...ni Stalin ni Putin, ni Castro. Ni Chávez ni
Hitler [...] políticos, gobernantes, burócratas repugnantes...".
Contradictoriamente a este espíritu libertario, la banda rechaza también
cualquier ícono de la revolución cubana de 1959, incluyendo a la imagen
más rockeada por miles de jóvenes del mundo: el Che Guevara. Esta
contradicción -que una banda de rock que lucha por las libertades
democráticas en Cuba rechace una figura que a lo largo de la historia de
la juventud ha sido tomada como "liberadora"- se explica por la
canonización y por la utilización, por parte de la burocracia castrista,
de los héroes de la revolución cubana.
Sin intenciones de desmerecer las expresiones de solidaridad hacia las
Pussy Riots que artistas consagrados e, inclusive, parte del Show
Bussines -como Madonna, Paul McCartney, Anthony Kiedis (Red Hot Chilli
Pepers), Bryan Adams, Sting y Pete Townshend, entre otros- han
expresado, la lucha contra la censura al arte y a las libertades
democráticas de las masas en Rusia o en Cuba será posible con una tenaz
lucha contra el régimen que a nivel internacional censura toda
iniciativa creativa mediante la transformación del arte en mercancía: el
capitalismo.
Cuando muchos creían que el rock & roll y su poder de convocatoria
se limitaban a los megafestivales, estas cinco chicas de Rusia, sin
camarines, productoras, managers ni esforzados saludos al público con
camisetas de fútbol, han recogido la simpatía movilizadora de miles de
jóvenes de todo el mundo con un solo grito de guerra: Free Pussy Riot.
La Civilización mundial contemporánea incluye como uno de sus grandes monumentos patrimoniales (tal vez el más importante, en términos de contenido de información) una inmensa biblioteca con contenidos en formatos que acumulan y compilan a su vez la completa historia de la producción, reproducción (y re / textualización) de textos.
Entre esos formatos están:
1. Las actuaciones sociales -o dramas sociales (cfr. Victor Turner)- de la vida cotidiana, tanto en la sociedad política como en la sociedad civil (cfr. Antonio Gramsci).
2. Las manufacturas: desde el uso de objetos "naturales" como herramientas, pasando por toda clase de herramientas fabricadas, lugares arquitecturizados por la actuación humana, arquitecturas propiamente dichas, asentamientos humanos, paisajes culturales, y un largo etcétera. Todos son también textos significantes.
3. Las textualidades habladas tal cual son dichas por todos los integrantes de la humanidad.
4. Toda clase de productos materiales humanos con contenido comunicacional.
5. Los conocimientos populares (cfr. Mario Rabey) inscriptos en esas textualidades.
6. Textos escritos a mano, en papel y otros soportes físicos.